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viernes, 17 de abril de 2009

El corset: vanidad femenina o sometimiento ?


Esta mañana, mientras jalaba fuertemente la agujeta de su corset y esuchaba su "casi" imperceptible gemido, pidiendo un poco más, pensaba en que las mujeres somos realmente heroicas cuando se trata de sacrificarnos por la belleza.

Así que asegurándose de que su cintura pareciera por lo menos 10 cms. más reducida de su tamaño habitual y de que su vientre estuviera lo suficientemente plano, se dirigió a su cita, esperando que los ojos de aprobación de su chico, compensaran esa "ligera" sensación de opresión.

Reflexionaba entonces sobre la idea de que aunque la figura idealizada de un cuerpo femenino ha ido variando con el paso del tiempo, siempre la mujer ha sido el objeto decorativo y sobre quien ha caído la carga y la responsabilidad de la belleza física. El hombre ha salido sin mayores heridas de esta competencia y no han sido necesarios esfuerzos extraordinarios en él para mostrarse bello. Esas son cosas de mujeres!

Y como esa idea revoloteó en mi cabeza todo el día, leí un poco sobre la historia del corset y la connotación sexual y social que se le ha dado a través del tiempo.

Existen pruebas escritas de que esta prenda ha existido desde hace mas de 3000 años, incluso se podría decir que ya existía desde más temprano aún. 1,500 a.c., tanto hombres como mujeres amarraban sus cinturas con cuerdas en una especie de corset en la isla de Creta.

El corset como se conoce hoy en día se inventó en España a finales del siglo XVIII y Catalina de Aragón lo llevó a Inglaterra. La consorte de Enrique II de Francia, Catarina de Medici lo introdujo a su país, al mismo tiempo que lograba comprimir su cintura al extremo de 33 cms de diámetro, considerada como la medida ideal entre las damas de la época: un verdadero martirio. Esta peculiar prenda era en realidad un triángulo rígido con su parte angosta orientada hacia abajo que tenía dos funciones:para sostener en su lugar la linea de la cintura y para que las telas se mantuvieran lisas pues era de mala educación mostrar arrugas o pliegues en la ropa. En tiempos de la reina Elizabeth I (1558), el corset adquiere nueva función ya que la reina había tenido durante toda su existencia el busto pequeño y poco desarrollado, y al entrar en carnes no era para nada atractivo, así que mandó construir un corset que se prolongaba sobre su alasiado busto, aplastándolo completamente y poniéndolo de moda entre las maduras damas que aún en ausencia de un busto firme y atractivo, las hacía verse más jóvenes.

A comienzos del siglo XIX, el corset seguía teniendo gran difusión y para alcanzar las medidas ideales que se exigía a las damas de la época, a las chicas desde los 10 años se les obliga a dormir con la prenda puesta y apretaban tanto su cuerpo que se desmayaban con demasiada frecuencia. Los vahidos y pérdidas de conciencia de las damas victorianas tenían una explicación médica; el diafragma (músculo regulador de la respiración)apretado, comprimido y limitado, no podía realizar bien su función, pues no tenía espacio para inhalaciones profundas. A través de presionar el estómago y otros órganos internos, las mujeres iban paulatinamente perdiendo el apetito y con el tiempo, la carencia obligada de ingerir alimento pasó a ser norma, así que las damas debían de abstenerse dignamente de expresar sentimientos de atracción por la comida.

En 1855, un médico en Lyon afirmaba que la moda del corset destruía órganos internos y que era causante de prolapsos (caída o descenso anormal de un órgano visceral) y aunque se intentó disuadir a las dames sobre las terribles consecuencias del uso del corset, la situación se hizo aún más grave cuando se presentaron incluso, prolapsos rectales y anexa que eran severos daños a la columna vertebral. Sin embargo, las damas hacían caso omiso a las advertencias e insistían en resaltar las partes anatómicas que se creían atractivas para los hombres de oa epoca. Sin consideración comprimían más su ya reducida cintura, presionaban el busto hacia arriba y las caderas hacia atras en esa máquina de tortura que les empaquetaba medio cuerpo.

Después de la segunda guerra mundial, las mujeres reaccionar unidas contra la exigencia de resaltar el busto y las caderas y después de una ola de emancipación finalmente apareció un modelador independiente que resaltaba esa parte de la mujer que seguía siendo el mayor atractivo para los hombres: el busto. Y así la cintura y las caderas eran tratadas con más delicadeza. Y el desarrollo nos fue llevando del corset al sostén y del sostén al bisturi!

Hoy en día algunas chicas utilizan corsets, supongo como tributo a la cultura victoriana y a las damas que murieron en su intento por ser siempre bellas, pero la verdad no niego que lucen muy lindas aunque no a todas les queda bien.

Sin embargo, las mujeres siempre han debido llevar una doble carga: siempre bellas y siempre dispuestas para los caprichos de los hombres. Será entonces que el corset es una muestra de opresión del hombre hacia a mujer?

La mujer asume su rol en forma sumisa y sin pretextos, incluso va mas lejos y se somete a tratamientos extremadamente dolorosos, mutilan su cuerpo para para retirar o agregar cosas, pechos, siliconas, caderas, liposucciones, maravillas del bisturí que producen cambios en la antomía femenina, canones de belleza que tienen un solo objetivo, ser atractivas para los hombres.

Así ha sido por los siglos de los siglos.


jueves, 30 de octubre de 2008

La muerte no tiene exclusividad







"La muerte significa más que la vida, al fin y al cabo muerto vives más tiempo"


De acuerdo con la historiadora Elsa Malvido, de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), los festejos por el Día de Muertos en México no proviene del mundo indígena ni prehispánico, sino de la Europa Medieval, en especial de los jesuitas.

El altar de muertos, las calaveras azucaradas y los panes con forma de hueso, son tradiciones que provienen del medioevo católico europeo. "Trazar un camino de flores de cempasúchil, colocar tamales, pulque y camote en las ofrendas, adornar papel picado con calaveras, flores y otros motivos tradicionales, comer dulces en forma de cráneos o panes con forma de cadáveres remiten a la cultura prehispánica, con sus tzompantli llenos de calaveras, el mes de su calendario dedicado a los muertos y su absoluta despreocupación por la muerte como lo demuestran los sacrificios y las guerras floridas.

Todos estos elementos no son una invención de la cultura mexicana, así como tampoco las ofrendas que se colocan en la madrugada del día 1 de noviembre. Estos provienen, más bien, de la Europa medieval y son costumbres católicas y profundamente jesuitas, incluso de raigambre romana, "pero de ninguna manera, como se nos quiere hacer creer, representan resabios de la cultura indígena mexicana".


Las fiestas de Todos los Santos y de Fieles Difuntos son rituales que se inventaron en la Francia del siglo X por el Abad de Cluny, quien decidió rescatar la celebración en honor de los macabeos, familia de patriotas judíos reconocidos como mártires en el santoral católico el 2 de noviembre.
Dispuso el día anterior para celebrar a los santos y mártires anónimos, aquellos que no poseen nombre ni apellido, ni celebración en el calendario ritual católico.


En ese día de Todos los Santos, por cierto, se disponía en el templo de un inmenso altar en el que se exhibía el ara, es decir, las reliquias de personajes santos que cada iglesia poseía en sus altares, bien fuera huesos, cráneos u otros restos; la tierra donde fueron enterrados o una parte de la ropa que portaban. Las reliquias y el relicario eran considerados intermediarios del hombre ante Dios, pues se podía negociar clemencia para que el cuerpo o el alma no fueran tan castigados. Es por ello que en México, mientras los indios eran enterrados en el atrio, la parte más barata, los acaudalados eran inhumados cerca del altar mayor, del ara, para asegurar una intercesión divina para la salvación de su alma.


Precisamente por ello, en la fiesta de Todos Santos, los católicos recorrían la mayor cantidad posible de altares, iglesia por iglesia, para ganar indulgencias. Iban anotando cuántas reliquias visitaban para, al final, calcular los años de perdón obtenidos y, antes de entrar al punto final, la Catedral Metropolitana, los feligreses compraban un pan o un dulce de azúcar con forma de reliquia, mismos que el cura bendecía y que finalmente colocaban en casa en una mesa junto con el santo familiar y frutas variadas.


Ese es el origen del altar de muertos, mismo que se acostumbra en Argentina, Chile y Perú, e incluso en Sicilia, Italia, donde además de colocarse el altar de muertos, se tiene la creencia que los parientes visitan el hogar y traen juguetes para los niños, tradición religiosa que proviene de una antigua tradición romana.


Este fenómeno puede hallarse en todo el mundo europeo. En estas fechas, las dulcerías venden calaveras y panes con forma de hueso de Todos Santos. Incluso es posible comprobar que las calaveras dulces tienen una coronita y una flor, similares a las reliquias de cráneos que se exponen en la Catedral Metropolitana el 1 de noviembre.


"El permanecer en vela en los panteones para aguardar el día primero, tampoco es una celebración prehispánica. Los fieles solían pernoctar el día que Cristo es crucificado y velar su cuerpo, y lo mismo hacían con sus familiares fallecidos, el día que los enterraban, así como al cumplirse un año del fallecimiento y también los días de fieles difuntos.


Así que cuando las Leyes de Reforma retiraron los panteones de las iglesias y los volvieron cementerios civiles, esa tradición y la verbena, se trasladó a estos sitios. Curiosamente, la tradición comenzó en las tumbas de los ricos, que eran vestidas con encajes y mantones, adornados con porta velas y candelabros de oro y plata.


Durante la noche, los criados permanecían ahí para custodiar las tumbas. La gente acudía a los panteones a visitar estas tumbas adornadas y a pasear a sus hijas vestidas elegantemente -para buscarles marido bien acomodado-; luego, cada quien comenzó a adornar, de acuerdo a sus posibilidades, sus propias tumbas familiares.


De aquí surgen dos reflexiones importantes:


1. Que las fiestas del 1 y 2 de noviembre son de origen católico y fueron establecidas desde el siglo X, desmitificando de este modo, la reinvención política y antropológica que afirma que provienen de los días de muertos prehispánicos.


2. El animal humano es uno y el mismo universalmente, y que por cierta característica de temor realiza rituales con la esperanza de alcanzar la vida después de la muerte, guardar la memoria de sus ancestros e intentar que sus existencias no se borren.









 
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